Después de los 2 minutos más intensos durante la práctica matutina del glorioso equipo de Futbol 5 femenino de Javeriana, terminé con un esguince en mi tobillo derecho.
Si señores, el dolor no pudo ser más hp. No podía apoyar el pie y mucho menos ponerme un zapato.
Luego de una merecida siesta para descansar un poco y tratar de no pensar en el dolorcito, ya no pude aguantar mas... me tocó irme de Clínica.
En esos momentos es cuando nos damos cuenta de lo precarios que son los servicios de urgencias en las clínicas de nuestra querida Colombia. Después de 3 horas en una silla de ruedas (mi primera vez en una de ellas) me pusieron una venda y me dieron 10 días de incapacidad.
Qué se puede hacer en esos momento de tedio y aburrimiento? pues irse para la casita... y como la oportunidad no se podía dejar pasar pues se hicieron las reservas y se cogió el avioncito hasta Montería City. 1 horita de viaje y listo... a chupar calor del bueno... el de la tierrita.
Como siempre en mi casa no pudieron consentirme mas... juguito de patilla, waffles por doquier, arepitas dulces, pescadito frito, comida va y comida viene por todos lados. Y lo mejor de todo pues claro, mi papá y mi mamá que no sabían donde ponerme de lo felices que estaban.
Mucho reposo, aire acondicionado para no sufrir tanto el calor, televisión corrida y listo, la semana más tranquila que uno se merece.
Al final nuevos recuerdos y nuevas imagenes de los que siempre estarán para uno: la familia.
Ahh y qué pasó con el pie? Pues bueno, estuve en el consultorio de un médico que es primo de mi mamá que es medico deportivo así que sabe de esguinces y esas cosas. Me pusieron un laser que casi me hace ver estrellas del dolor, me recomendaron reposo, que me pusiera unas hojas de almendro con Vick Paporú y la venda, pastillas a tutiplen y unas infiltraciones que casi me ponen a llorar. El resultado, un pié que se tornó de un color medio rojo medio negro pero que ya me deja apoyarlo en el piso y caminar a paso lento.